domingo, marzo 25, 2018

Feminicidio

Fauna Política
Sicópata y pianista
Por Rodolfo Herrera Charolet
El viejo elevador con sus rejas plegadizas que se abren y cierran, que abren y bajas por el viejo túnel que las contiene. La pareja de jóvenes tras recorrer los seis pisos, llegan al vestíbulo que los lleva a la puerta del departamento al que ingresan con prisa besándose, acariciándose, despojándose de sus ropas que van quedando en el camino hacia la recámara en donde se funden en una intimidad apresurada sin preámbulo.
Ella lo abraza como naufrago al mástil de un barco destruido, entre el oleaje furioso que la consume. Él como mar embravecido la hace suya en un momento de desenfreno, para luego recostarse rendido, exhausto, satisfecho. Para ambos no importa que hace una par de semanas eran desconocidos uno del otro, ahora se han fundido como un solo entre ilusiones y gusto.
Tras ese encuentro furioso y fugaz, la pareja desnuda recoge sus ropas del suelo para regresarlas a su cuerpo, al mismo tiempo que el ocaso tiñe de rojo el firmamento y las sombras que deambulan se aferran a los muros y recovecos de la metrópoli, ensombreciendo las calles y los parques que se convierten en las guaridas de los trúhanes.
Mientras se visten, la pareja interrumpe el silencio con el dialogo de quienes son, porque todo ha caminado tan aprisa que apenas se conocen. Él de 19 años, delgado pero atlético, es un excelente deportista, pianista, premiado olímpico en matemáticas, química y física, con desempeño académico superior. Hijo de una familia educada que le ha cultivado el deber y el esfuerzo. Mientras que ella, de 17 años, delgada, de hombros finos y cabello largo y negro, de familia humilde, fantasea y desea convertirse en edecán y de alguna forma encontrar un futuro en esa industria.
En esa plática confidente, él le muestra su medalla de bronce que ganó en Estonia cuando participó representando a México en la Olimpiada Internacional de Física. Le cuenta a ella que tiene un lugar asegurado en Jacobs University de Bremen, Alemania y que ya habla alemán, además de inglés y que ya había viajado a ese país, cuando su tío lo llevó al Mundial de Fútbol 2006. Ella en tono burlón, lo percibe como un chavo en plan de mala onda, presumido, presuntuoso.
Así que ella sin decir más, suelta una carcajada y simplemente sonríe retando al muchacho a que siga su perorata, interrumpiéndolo con sus carcajadas forzadas. Con ese tono dulzón burlón.
El muchacho por primera vez siente crecer en su interior un odio profundo, que le hace nublar la vista y apretar los puños. Con ninguna de sus anteriores novias le había ocurrido algo similar, quizás porque sus logros y sacrificios de años eran parte de su atractivo, o porque su habilidad con el piano era una forma de cautivarlas. Pero para ella, la que con carcajadas lo retaba a callarse y no seguir mencionando sus logros, con ella que hace unos momentos había conocido su delicia amatoria, era incomprensible.
Ella sonriendo con ese tono de burla, se acerca a él, y la rechaza, se aleja. Ella nuevamente se acerca y en esta ocasión la empuja, ella tropieza y cae pegándose la cabeza en el suelo. Ambos se asustan, ella empieza a gritar y se abalanza sobre él para arañarlo en la cara, como desquite, como muestra de que ella también puede. Él se defiende y la golpea en la cara, ella grita más al mismo tiempo que hunde sus uñas en la piel de él.
--- ¡Cállate! ¡Cállate!
Y ella se calla, cuando las manos de él aprietan su cuello y ambos en el suelo forcejean, uno tratando de callarla apretando y apretando cada momento más, ella tratando de respirar. Han pasado unos instantes que parecen tiempo eterno, ella ha dejado de luchar y las manos del demonio que se apoderó de su alma y cuerpo, sigue apretando el cuello, hasta que la muchacha sin fuerza, sin aliento, ha dejado de respirar para siempre. Él se levanta, se asusta, se dirige a su cuarto, no sabe qué hacer, en su cabeza la inteligencia se ausenta, sabe que ya está muerta, tirada en su departamento. ¿Cómo sacarla? ¿Cómo llevarla? Trata de levantarla y el cuerpo que ya no ofrece resistencia parece más pesado que una losa, aún caliente empieza a enfriarse y a ponerse rígido. Ha pasado media hora y en su cabeza no ha retornado la calma, sigue el caos de las ideas, de las soluciones posibles para salir de ese problema. Entonces, imagina, llega la solución. ¡Basura!
Así que corre a la cocina y toma un cuchillo filetero de 20 centímetros, lo encaja al fondo de la axila en la articulación glenohumeral, entre el trocante y su fosa para desprender el brazo. Luego el otro. El piso y su ropa se llenan de sangre. Sigue cortando y ahora lo hace en la articulación de la pierna, pero es una tarea difícil y no logra desprender la pierna, así que busca algún cuchillo más grande y encuentra un hacha pequeña, la misma que compró de complemento en una de sus excursiones. Sigue su faena de desprender partes del cuerpo. Regresa a la cocina y toma las bolsas negras de la basura. Mete una dentro de otra, para luego introducir los miembros desprendidos, todos por separado y en partes. Se despoja de la ropa y se baña, se coloca ropa limpia y toma una de las bolsas de basura, sale sigilosamente pasada la media noche y la deposita en un basurero. Regresa al departamento y recoge otra bolsa para depositarla en otro basurero. Esta rutina la repite hasta que se ha deshecho de todo, en ocasiones no encontró basurero y las depositó entre jardineras de la unidad de Tlatelolco y en montoneras.
La prensa publicó “Mujer descuartizada fue encontrada en Tlatelolco. Los familiares identificaron el cuerpo desde el martes pasado, cuando su rostro fue publicado en un periódico” Los hechos habrían ocurrido el 28 de junio de 2013.
Quizás exista un psicópata encubierto en el cuerpo de un genio y nadie sabe que botón o situación es detonante de la peor de sus locuras, genio o gran deportista. Así que cualquier persona, además de genio puede ser un psicópata y pianista.

¿O no lo cree usted?



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