martes, julio 11, 2017

Feminicidio


Fauna Política
Valeria la Caperucita Roja
Por Rodolfo Herrera Charolet
Nadie dijo, no vio, ni escuchó cuando el violador decidió colgarse de una cuerda sujeta a un barrote de la cárcel. Dicen los que saben que decidió quitarse la vida, tras recapacitar de la atrocidad que había hecho, violar y quitarle la vida a una niña de 11 años de edad llamada Valeria, que ese día de lluvia se cruzó en su vida.
Los otros hombres que se encontraban dentro de la misma celda, no se dieron cuenta cuando se colocó la cuerda y decidió poner fin a sus días, que de suyo pintaban con nubarrones. El comunicado oficial redactado escuetamente como epitafio sobre una lápida de polvo acumulado dice: “Las diligencias para esclarecer las causas del deceso, y si hubo alguna omisión por parte de las autoridades carcelarias, están en curso y se determinarán conforme a derecho corresponda”.
Tras la noticia nadie reclamó el cuerpo de la bestia. Abandonado fue dirigido a la fosa fría colectiva, en donde no existe más registro que un número oficial que determina un lugar cualquiera, para varios cuerpos que no se reclaman. Mucho menos de un reincidente de homicidio y violación, pero que en ocasiones anteriores no encontró arrepentimiento. Así que en esta ocasión lo cierto, lo concreto es que el violador fue encontrado sin vida, tras haberse publicado la historia de caperucita.
Caperucita era una nena de 11 años que subió al transporte público, mientras el padre de Valeria bajo la lluvia seguía la misma ruta, a bordo de su bicicleta. En un momento del recorrido perdió de vista la unidad y a pesar de haber reportado el hecho y desaparición de su pequeña, las autoridades siguieron con su acostumbrado burocratismo y fue hasta el día siguiente cuando se “activaron” pero también encontraron su cuerpo mancillado al que le habían arrancado la vida.
La tragedia de Valeria, una niña violada hasta la muerte, sacudió a los habitantes de una localidad y convocó a una protesta contra los oídos sordos de autoridades, burócratas de sangre tibia y dolientes desconsolados que clamaron justicia.
Un día encontraron el cuerpo de caperucita y al siguiente al lobo agresor. En la camioneta estaba la mochila y dentro de ella el cuento, mientras que a un lado además de la pequeña sudadera roja se escribía la trágica realidad de una niña muerta.
Valeria la caperucita roja era hija de una madre ahora desconsolada y nieta de una abuela que desea ser enterrada junto a esos pequeños huesitos que en vida sostuvo sobre sus piernas flacas. Aún en la casa de la abuela, la fotografía de la pequeña es alumbrada con el cirio de la primera comunión de la nena, velando por su alma que danza entre las sombras, mientras que entre rosario y rosario solloza pidiendo justicia.
El violento caso de abuso sexual y asesinato de la niña, causó indignación en las redes sociales, aquellas que son extrañas cuando cientos de opiniones se vierten en el caso de maltrato o abandono de perros y gatos, pero que callan ante los lamentables hechos de niñas abusadas o asesinadas. La sociedad acostumbrada parece olvidar los hechos muy pronto, porque no siendo familiares sus víctimas siguen creyendo en sus cuentos de hadas.
Así la noticia de que una niña que fue violada al mismo tiempo que era asfixiada, ocupó un lugar en los periódicos y una mención electrónica por breve tiempo, semanas después pasó a ser un número en la estadística de la tragedia.
Las autoridades lo describieron como un ataque sin precedentes, “una agresión sexual inhumana”. “Sé que no es muy profesional decirlo, pero soy mamá, mujer y he visto mil cosas durante mi carrera... pero nunca nada igual como esta conjunción de hechos tan aberrantes", dijo una mujer que al mismo tiempo es policía. Sin embargo los periodistas que llevan el recuento de los hechos saben que lo dice de dientes afuera, porque cada día, las efemérides rebasan las atrocidades narradas en cuentos de terror o guiones de cineastas.
En el año de 2015 en México se registraron 1057 asesinatos de niños y niñas, en donde la mayoría quedan impunes. Dicho más simple, diariamente fueron asesinados en promedio más de dos menores en un día. Se puede decir, que cada semana nuevos casos aparecen y no hay reducción, en donde las niñas pueden ser víctimas de individuos con manías insanas. Entonces aparece un día, un vengador ciudadano enmascarado, que lo mismo ejecuta a los asaltantes de transeúntes o pasajeros y la autoridad lo busca sin descanso. Es un mundo de cabeza, en donde la peor parte la sufre quien no porta el arma y vive la vida como si no pasara nada.
¿O no lo cree usted?

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