jueves, septiembre 18, 2014

Opinión

Cholula: Quetzalcóatl o Barbycóatl
Publicado por Julio Glockner


2014-09-18 | En Cholula está sucediendo algo que, por lo visto, ni el gobernador ni los presidentes municipales de san Pedro y san Andrés están comprendiendo. Lo que está ante nosotros es una confrontación (que puede tener muy lamentables consecuencias) entre un razonamiento mercantilista que se presenta como modernizador, empeñado en obtener beneficios económicos y políticos con la ocupación de un espacio urbano destinado desde hace milenios a funciones religiosas, por un lado, y por otro una voluntad que se propone preservar tanto el patrimonio arqueológico nacional, contenido en el poco espacio que queda de una de las urbes más importantes del mundo mesoamericano, como el moderno culto a la virgen de los Remedios, producto de un prolongado sincretismo religioso en el valle cholulteca.


El gran defecto de la mentalidad modernizadora es su absoluta falta de visión histórica y cultural, al considerar el espacio que pretende ocupar como si fuesen terrenos deshabitados, tierra baldía en la que se puede implementar cualquier ocurrencia, como lo deja ver con toda claridad el demencial proyecto arquitectónico del ayuntamiento de san Andrés Cholula, perfectamente sustentado en el sueño de una Barby. Al ver el video que presenta el Proyecto de las siete culturas no se puede creer tanta torpeza, ignorancia y desprecio por Cholula y sus habitantes. El equipo que concibió este proyecto, cuyo sólo nombre revela la ignorancia de sus autores, y que suponemos está ahora en manos de la coordinación de Arqueología o en la de Monumentos históricos del INAH en la ciudad de México, tiene el exclusivo propósito de promover el turismo, pero lo hace atentando contra el principal atractivo turístico: la gran pirámide y su entorno.

Hay otro aspecto de primera importancia totalmente despreciado por el proyecto, y es el hecho de que no estamos hablando de una zona arqueológica deshabitada, sino ocupado por un culto de origen colonial, con toda una estructura religiosa proveniente del periodo virreinal, un culto vigente y vigoroso que comprende todo el valle cholulteca, como ha explicado en varios artículos Anamaría Ashwell en las páginas de este diario.

Cuando se construye un templo, por pequeño que sea ¡y el complejo arqueológico del Cholula es de los más grandes del mundo! se delimita un espacio sagrado en torno a él. La arquitectura religiosa, a diferencia de la civil o profana, implica una suerte de emanación sobre el espacio que la circunda, su orientación responde a motivos cósmicos y meteorológicos que convierten los templos en centros de confluencia del mundo terrenal con fuerzas divinas y seres sobrenaturales que los convierten en axis mundi o centros del mundo.

El proceso sincrético acontecido a lo largo de cinco siglos en nuestro país ha conjuntado la tradición religiosa mesoamericana, cuyos cultos públicos se celebraban en espacios abiertos, teniendo la bóveda celeste como techo y el paisaje con cerros y volcanes como horizonte, con la tradición cristiana que celebró en sus primeros siglos cultos clandestinos en catacumbas y más tarde al interior de catedrales, iglesias y conventos, sin olvidar las procesiones y peregrinaciones a los santuarios. La tradición religiosa cholulteca es una afortunada combinación de ambas tradiciones, en la que el santoral católico que designa el nombre de decenas de localidades y centenares de fiestas patronales, realiza una compleja serie de rituales y ceremonias que se ocupan de las necesidades vitales de la población, comprendiendo desde el ciclo agrícola y los fenómenos climatológicos asociados a los cultivos de temporal y riego, hasta la petición de favores personales que tienen que ver con el bienestar de las familias, su prosperidad económica, su salud, el cuidado de los animales, la protección de quienes han ido a trabajar a Estados Unidos…

El espacio sagrado no se limita, de ninguna manera, a los muros del santuario de la virgen de los Remedios o al pequeño atrio que lo circunda en la cima del Tlachihualtépetl, comprende también, como axis mundo que es, el cerro que contiene el complejo piramidal (que las últimas investigaciones han calculado en una sobreposición de ocho estructuras) y los terrenos que lo circundan, es decir, estamos ante un complejo arquitectónico–religioso milenario, con una imponente vitalidad en sus cultos actuales, que abarcan 42 pueblos circunvecinos.

Ni una sola consideración a esta realidad contiene el ilusorio proyecto de las siete culturas. El proyecto presentado en internet por el ayuntamiento de san Pedro Cholula menciona vagamente el sincretismo religioso, pero no se aboca a considerar su realidad cotidiana y los espacios que requiere para manifestarse con la fuerza que lo caracteriza. En las dos conversaciones que sostuvimos con el alcalde José Juan Espinoza le expusimos la necesidad de atender, por sobre todas las cosas, estos requerimientos que benefician tanto al patrimonio arqueológico como a la actual religiosidad popular de las dos Cholulas. Sugerimos la creación de un Consejo Consultivo, integrado por especialistas de primer nivel, nacionales y extranjeros (con carácter honorífico, sin recibir ningún sueldo) que garantizara la preservación de estos espacios y sus usos tradicionales. Ahora me sorprende ver que llama a la creación de un consejo consultivo ciudadano bajo el formato de una convocatoria abierta, en la que parece tener más importancia los votos aprobatorios que la crítica y los argumentos bien sustentados.

En muy alentador saber que los profesoresinvestigadores de la Delegación sindical D–11–A–1 Sección X del SNTE se hayan pronunciado mediante un desplegado aparecido en un diario nacional, demandando a la directora general del INAH y al gobernador del Estado “no ser omisos ni cómplices de los supuestos proyectos de desarrollo que atentan contra el patrimonio material e intangible de todos los mexicanos”. Esperamos que otras secciones del INAH se pronuncien en este sentido, sólo así podremos salvar la ciudad de Quetzalcóatl del centro comercial de Barbycóatl.

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