viernes, octubre 11, 2013

Artesanía

Talavera cholulteca llega a los Estados Unidos

2013-10-11 | SAN PEDRO CHOLULA, México.— El taller de Productos Artesanales de Cocoyotla, en el corazón del estado de Puebla, es un vaivén de artesanos que se mueven presurosos entre arcilla, agua, amasijos, tornos y hornos que cuecen un pedido especial de cerámica "talavera" para Los Ángeles.

El afán es por la Feria del Mole en la Placita Olvera que se adorna con vajillas moldeadas en este municipio de alfareros, herederos de la técnica de acabado vítreo que trajeron colonizadores de Talavera de la Reina, España, que a la vez aprendieron de los árabes.


Varias lunas después el paseo continúa. Desde el centro de México para California van en estos días 4 mil piezas que se lograron a través del Programa 3x1 de la Secretaría de Desarrollo Social federal en conjunto con un fondo municipal y del club de oriundos de la localidad; el Gobierno estatal no participa.

Productos Artesanales de Cocoyutla se fundó en 2002 por un grupo de mujeres que buscaban independizarse económicamente de sus maridos. El reto era demostrar a los varones del pueblo que existen otros caminos para llevar el pan a la boca más allá de la elaboración de ladrillos.

La búsqueda del cambio inició por un problema de salud pública. Ana María Juárez, enfermera de carrera, tenía una farmacia que atendía cada semana al menos un caso de cáncer y cientos por irritación de ojos, dolores de cabeza y náuseas derivadas de respirar partículas tóxicas de hollín del combustible utilizado para cocer el barro.

"Con algunas vecinas, clientas, familiares y amigas buscamos alternativas para convencer a nuestros esposos de cambiar de actividad", cuenta Juárez, vestida con ropa deportiva en el cuarto de exhibición de las vajillas de Talavera que hoy son una realidad, aunque con altibajos.

La asociación estuvo a punto de caerse hace meses por culpa de una empresa que no entregó el horno eléctrico en el cual las mujeres invirtieron casi todo su dinero ahorrado. Quedaron descapitalizadas hasta que sus parientes migrantes se organizaron para solicitar el proyecto productivo en el 3x1.

Así volvieron a empezar ya con más experiencia. Perdieron antiguos clientes, pero ganaron otros que pagan en dólares en Estados Unidos, para quienes envían loza y recientemente joyería. Aretes, dijes, pulseras, collares y anillos con incrustaciones de la cerámica.

No pueden faltar los diseños pintados de azul y blanco, el más popular de este tipo de cerámica desde siglos atrás, cuando ambos colores eran símbolo de estatus social debido a la influencia de la porcelana china que estaba muy de moda en la burguesía colonial.

Con el paso del tiempo, el resto de las tonalidades también se encumbraron. A Los Ángeles van dibujos y letras en verde, rojo, negro, naranja y amarillo que pintan con esmero las muchachas del taller, mientras otras señoras amasan el barro, lo dominan y transforman.

"Es como una relación de pareja", bromea alguna.

El objetivo inicial de la pequeña compañía no se ha logrado del todo. Sigue siendo una microempresa dominada por féminas aunque en los últimos años se sumaron los varones menos desconfiados —y sobre todo jóvenes— como el hijo de Juárez, quien lleva la contabilidad.

También Aarón Sánchez, un joven padre de familia que cree que las manos de los artesanos tienen una especie de "don" divino que no debe desdeñarse. "Yo he visto cómo algunas personas no pueden dar la forma al barro", afirma. "El material huye de ellas, se descontrola; en cambio conmigo se queda quieto".

Sánchez aprende la elaboración para formar en un futuro su propia empresa. Así lo hicieron los poblanos nativos que se emplearon en los alfares españoles antes de independizarse y popularizar el proceso vigilado actualmente por un Consejo Regulador de la Talavera, que dio la luz verde a los últimos pedidos que ya vuelan sobre California.

Una versión de este artículo se publicó en la edición impresa de La Opinión del día 10/11/2013 con el título "Vajillas para Los Ángeles"

Publicado por http://www.laprensafl.com/ Por: Gardenia Mendoza Aguilar/Enviada especial


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