viernes, diciembre 09, 2011

Usan georradar en mural


  • INAH usa georradar en mural de Cholula
  • El dispositivo se emplea para localizar zonas con fallas en la obra prehispánica conocida como Los Bebedores.
  • Dispositivo. Este artefacto fue usado originalmente, con fines estratégicos, durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) utilizan un georradar en el proceso de restauración del mural prehispánico 'Los Bebedores', en Cholula, a fin de localizar las zonas con fallas, fracturas u otros elementos que inciden en el problema de humedad que padece.
Dicho dispositivo, usado originalmente con fines estratégicos durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, localiza las zonas más críticas, y a partir de ello afinar la metodología de restauración a efectuar, sin necesidad de hacer perforaciones en dicha pintura, plasmada hace mil 800 años en el interior de la pirámide de esa zona arqueológica, informó hoy el INAH en un comunicado.
Explicó que la obra fue pintada sobre paredes de adobe y tierra, y sus creadores utilizaron pigmentos de origen mineral unidos con adhesivos naturales, que se han perdido con el tiempo; debido a que su ubicación, debajo del nivel del suelo, concentra la humedad proveniente de los pisos y estructuras superiores.
Los trabajos de atención de este mural iniciaron en 2009 con la aplicación de diversas técnicas de preservación, a cargo de restauradores de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, mismas que continúan hasta la fecha, y en las que se ha recurrido al uso del georradar de penetración de tierra y al método de resistividad eléctrica.
Al respecto, la especialista Dulce María Grimaldi, de la CNCPC y responsable del proyecto, informó que para afinar la metodología de restauración a aplicar en dicho mural, se consideró el uso de dicha tecnología que, en este caso, permitirá determinar el espesor del soporte de la pintura y el estado de conservación que guarda.
Igualmente, dijo, ayuda a la identificación de fracturas y demás elementos que pudieran incidir en la humedad que lo afecta.
'En atención a esta circunstancia, se solicitó la colaboración de José Ortega Ramírez, investigador y responsable del Laboratorio de Geofísica del INAH, para realizar trabajos de prospección', apuntó la especialista.
Al respecto, Ortega Ramírez explicó que el georradar funciona con una antena transmisora que lanza estas señales y también una receptora, que registra las reflexiones de las ondas mientras pasan entre materiales con diferentes propiedades físicas.
Puntualizó que en el caso del mural 'Los Bebedores', se busca entender cómo está conformado su soporte, los deterioros que presenta y los factores que inciden en ello.
'Este aparato genera una tomografía o imagen de la distribución de la conductividad y resistividad en el subsuelo. La humedad y la sal son transmisoras de corriente, por tanto, podemos precisar en qué partes o de dónde proviene la humedad concentrada que perjudica el mural prehispánico', explicó Ortega Ramírez.
Agregó que 'se sospecha que el problema de humedad está relacionado con el soporte de la pintura. Aún estamos por confirmar si hay zonas con oquedades conectadas directamente con la capilaridad y cambios en la presión hidrostática. Así, podremos definir las zonas más críticas para que la restauración sea precisa y no requiera ninguna perforación'.
En este sentido, detalló, se trata 'de un método que no causa daños, toda vez que utiliza frecuencias que están en el mismo rango que las de telefonía celular; resulta, por tanto, una aplicación novedosa y apropiada para investigar bienes culturales de esta naturaleza'.
Vale la pena recordar que este mural prehispánico data de 200 años d. C. y alude a un ritual en que dioses y hombres se unen a través del pulque; las imágenes representadas están distribuidas en una superficie aproximada de 120 metros cuadrados, al interior de una subestructura del llamado Patio Sur, de la Zona Arqueológica de Cholula, Puebla.
Tras su descubrimiento, en los años 70, se creó un túnel para acceder al mural sin tener que desmontar el edificio prehispánico.
Desde entonces, esta obra no ha sido vista directamente por el público, más que en fotografías, debido a que por razones de conservación se imposibilita su exhibición.
Desde 2009, un grupo de especialistas trabaja en la preservación de la capa pictórica del mural, que presentaba afectaciones por sales y humedad.
La selección de materiales utilizados en la restauración ha requerido una amplia y constante investigación, así como la realización de diversas series de pruebas para evaluar su eficacia.
Uno de estos exámenes, detalló Grimaldi Sierra, está basado en nanopartículas de hidróxido de calcio, un método aplicado como resultado de la colaboración con la Universidad de Florencia.
La especialista del INAH añadió que en la más reciente temporada de trabajo se prioriza la atención de sectores que requieren protección urgente. Algunos de éstos estaban a punto de desprenderse, por lo que nos hemos enfocado al fijado, tanto de la capa pictórica, como del soporte.
Cabe mencionar que la atención de este antiguo mural forma parte del Programa Nacional de Conservación de Pintura Mural Prehispánica, que desarrolla el INAH en distintas obras de este tipo del país, en colaboración con el Instituto Getty de Conservación, de Estados Unidos.



El 20 de abril de 2010 el INAH informó que estabán revirtiendo el deterioro de los Bebedores de Cholula - Tras cuatro décadas de su descubrimiento, algunas de las alucinantes escenas del mural Los Bebedores de la Zona Arqueológica de Cholula, en Puebla, se veían envueltas por un velo blanquecino de sales, una situación que especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) han logrado revertir en 80 por ciento en las áreas de mayor afectación.
La restauradora Dulce María Grimaldi Sierra, responsable de la conservación de esta obra pictórica que data aproximadamente del 200 d.C., dio a conocer los resultados de la aplicación de diversos métodos para rescatar cuatro de las partes con mayor acumulación de sales de este bien cultural que alude a un rito en el que dioses y hombres se conectan por medio de la ingesta del pulque.
Fue a partir de una serie de estudios, realizados en 2009 por expertos de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, como se definió el tratamiento específico para intervenir este mural de más de 1,800 años de antigüedad, además de aplicar un tratamiento de emergencia en las áreas con mayor riesgo de pérdida.
De esa manera —explicó Grimaldi—, la remoción de la capa de sales que afectaba los murales se realizó mediante la aplicación de carbonato de amonio, en ese sentido, “la eliminación del velo blanquecino en las superficies de las cuatro áreas tratadas y que suman alrededor de 20 metros cuadrados, ha sido de 80 por ciento, a reserva de aplicar el tratamiento varias veces en las mismas partes”.
“Para la consolidación y fijado de la pintura al muro se han empleado las nanopartículas (la milmillonésima parte de una partícula) de hidróxido de calcio; la evaluación también ha sido satisfactoria, lo que ha permitido que la capa pictórica haya recuperado su cohesión, y las escamas que antes se observaban ahora sean mínimas”. En lo que respecta a la reducción de la capa de resinas sintéticas o polímeros que fueron aplicados a Los Bebedores en sus primeras intervenciones hace varias décadas, la especialista del INAH anotó que el uso de microemulsiones (mezcla de solvente) posibilitó la remoción de éstas y otros materiales ajenos a la obra.
El uso de dichas microemulsiones aún se encuentra en fase de prueba debido a que los polímeros están distribuidos irregularmente sobre la superficie, en ocasiones combinados y, por supuesto, con sus propiedades envejecidas. En consecuencia, dijo la experta del INAH, “actualmente se están probando nuevas fórmulas pensadas para la mejor preservación de Los Bebedores. Los resultados de esta intervención seguirán monitoreándose en el futuro para asegurar el desempeño positivo y a largo plazo. Uno de los aspectos en los que hay que seguir trabajando es la estabilización de las condiciones ambientales”.
La atención de los murales cholultecas por parte del INAH cuenta con la asesoría de diversos especialistas, entre ellos los doctores Piero Baglioni y Rodorico Giorgio, de la Universidad de Florencia, quienes han ofrecido opciones para el tratamiento de la pintura mural mediante el uso de la nanotecnología.
Los Bebedores están distribuidos en una superficie aproximada de 120 metros cuadrados, al interior de la subestructura del llamado Patio sur, por lo que tras su descubrimiento en los años 70 se creó un túnel para acceder a ellos sin necesidad de desmontar el edificio prehispánico. A lo largo de 2010 continuarán los trabajos en esta obra, la más característica de Cholula, en el marco del recién anunciado Programa Nacional de Conservación de Pintura Mural Prehispánica, en el que convergen los esfuerzos del INAH, y de las universidades Nacional Autónoma de México y de Florencia, Italia.
Grimaldi abundó que la pintura de Los Bebedores fue ejecutada sobre muros de adobe y tierra, empleando pigmentos de origen mineral aglutinados con un adhesivo natural que se ha perdido con el paso del tiempo. Además, su ubicación por debajo del nivel del suelo provoca la recepción de agua de lluvia y humedad del subsuelo.
Fue a partir de 2004, con la colaboración del Instituto Getty de Conservación, que inició el registro y análisis de las pinturas, a la par que se detectaron los factores de deterioro y se evaluó el desempeño de los materiales sintéticos que se aplicaron en décadas anteriores.
Cuarenta años después de su descubrimiento, “las pinturas muestran un estado de condición variable, hay sectores en donde se observa en un estado similar al registrado en 1970, mientras que otros presentan deterioro que actualmente atienden los especialistas.
El mural Los Bebedores es conocido como la representación más temprana de un ritual con pulque en Mesoamérica, muestra un ceremonial relacionado con la práctica agrícola, en la que una serie de figuras humanas integradas en grupos ingieren dicha bebida en honor de Octli, deidad del pulque.  (Fotos INAH)

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